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En el documental ‘Mi mundo es otro’, María Jiménez reveló con escalofriantes detalles los malos tratos a los que fue sometida por su exmarido, Pepe Sancho. Describió cómo él la agredía físicamente, sujetándola con una mano las muñecas, poniendo su pierna en su barriga y golpeándola con la otra mano. Estos actos de violencia dejaron secuelas tanto físicas como emocionales en la cantante. Su hermana, Isabel, también fue testigo de algunas de estas agresiones, principalmente verbales, en las que Pepe Sancho degradaba a María y la hacía sentir inútil.
Isabel, la hermana de María Jiménez, intentó convencerla de que terminara la relación con Pepe Sancho, llamándolo “hijo de puta” y diciéndole que no tenía necesidad de soportar ese maltrato. Sin embargo, María confesó que perdonaba a su esposo una y otra vez porque estaba enamorada y tenía la esperanza de que él cambiaría. Pepe Sancho imploraba perdón, llamándola llorando y diciéndole que la amaba, pero María finalmente se dio cuenta de que era un mentiroso y decidió separarse definitivamente.
Después de la muerte de su hija Rocío en un accidente de coche, María Jiménez y Pepe Sancho se distanciaron. Sin embargo, en un momento de soledad y tristeza, María decidió volver con él, buscando un padre para su hijo. Esta decisión resultó en los peores años de su vida, en los que sufrió aún más maltrato por parte de Pepe Sancho. Isabel se culpó a sí misma por haber permitido que María perdonara a su agresor, considerándolo su desgracia hasta el final.
A pesar de todo el sufrimiento que María Jiménez experimentó en manos de Pepe Sancho, ella nunca lo denunció por miedo a arruinar su carrera. Mantuvo en secreto los malos tratos que sufría, nadie se daba cuenta de lo que estaba pasando. Este silencio es común en muchas víctimas de violencia doméstica, que temen las consecuencias de denunciar a sus agresores.
María Jiménez y Pepe Sancho se casaron y se separaron varias veces a lo largo de su relación. Sin embargo, María lamentaba profundamente haber perdonado a su marido y haber vuelto con él en repetidas ocasiones. En sus últimos años de vida, María reconoció que Pepe Sancho fue el mayor error de su vida. A pesar de su fallecimiento, el legado de esta relación tóxica sigue presente en la vida de María Jiménez y en la memoria de aquellos que la conocieron.
El testimonio de María Jiménez y su valentía al hablar sobre los malos tratos que sufrió a manos de Pepe Sancho es un recordatorio de la importancia de visibilizar la violencia de género. Su historia sirve como ejemplo de las consecuencias devastadoras de una relación abusiva y la necesidad de apoyar a las víctimas y promover un cambio en la sociedad para erradicar este tipo de violencia.
