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El estudio destaca que reducir el consumo de productos de origen animal tendría un impacto significativo tanto en el medio ambiente como en la salud de las personas. Se estima que disminuir en un 50% la ingesta de carne y lácteos reduciría las emisiones de gases de efecto invernadero en un 31%, lo que contribuiría a cumplir los objetivos climáticos y de biodiversidad. Además, se reduciría la superficie agrícola-ganadera mundial en un 12% y el consumo de agua en un 10%. Desde el punto de vista nutricional, disminuir el consumo de carnes también podría tener beneficios para la salud. Se ha asociado el exceso de consumo de carnes con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes y algunos tipos de cáncer. Por lo tanto, una reducción en el consumo de productos de origen animal podría ayudar a prevenir estas enfermedades y promover una alimentación más saludable.
Aunque el estudio propone una reducción significativa en el consumo de carne y lácteos, los expertos enfatizan la importancia de una transición gradual y personalizada en la alimentación. Reducir el consumo de productos de origen animal debe ser un proceso gradual y considerar las necesidades individuales de cada persona. Es importante contar con información precisa y confiable para realizar cambios en la alimentación de manera adecuada. Además, se destaca la importancia de trabajar en estrategias multisectoriales para facilitar la transición en los cambios alimenticios. Es necesario considerar el impacto que estos cambios podrían tener en la industria y en las personas que dependen de ella. Por lo tanto, se requiere un enfoque integral que promueva una alimentación más sostenible y saludable, pero que también tome en cuenta las realidades económicas y sociales.
