Descubre los apocalipsis más aterradores que te harán temblar


Una obsesión occidental

En la cultura occidental, la amenaza de un apocalipsis parece estar siempre presente. Sin embargo, esta obsesión no es común en la cultura oriental. Parece que nuestra visión de la realidad está marcada por una lectura cíclica de la vida, donde el amanecer y el ocaso, así como el paso de las estaciones, son metáforas que constituyen nuestra cultura. Aunque nuestros calendarios sean lineales, midiendo los ciclos del sol y la luna, el círculo parece definirnos mejor que la línea recta. La transformación parece explicar mejor las cosas que la finitud. Sin embargo, es comprensible que tengamos obsesión por la muerte, ya que esta construye la linealidad que nos afecta. Imaginamos paraísos a los que llegar o de los que partir, y para que exista la salvación, debe haber una amenaza: el fin del mundo. Vivimos angustiados por el apocalipsis nuclear, el demográfico, el del fin del petróleo, entre otros. Los meteoritos también siempre han estado presentes en nuestras vidas, y la idea de una Tierra unida contra una amenaza externa es atractiva. A pesar de que hemos abandonado la explicación divina de los apocalipsis, no hemos logrado tranquilizar nuestros terrores.

La abundancia de apocalipsis

Hoy en día, la abundancia de apocalipsis es abrumadora. Casi cualquier evento que tenga cierta gravedad puede convertirse en el germen de un final definitivo. La pandemia ha azuzado nuestra imaginación y Bill Gates se ha convertido en un ejemplo de la mezcla indiscernible entre ciencia y superstición. Para muchos, el progreso tecnológico, liderado por la inteligencia artificial, es la mayor amenaza para la humanidad. Nuestra arrogancia nos lleva a creer que podemos acabar con el planeta, aunque en realidad solo somos capaces de acabar con nuestra propia vida en él. Además, la guerra siempre ha sido una amenaza constante. Según Ariel y Will Durant, en los últimos 3.421 años de historia registrada, solo 268 no han visto ninguna guerra. Sin embargo, cada guerra siempre se ha considerado la definitiva.

La perspectiva de traer hijos al mundo

En una crónica de Miquel Molina, una mujer le pregunta a Michael Ignatieff por qué alguien hoy en día tendría motivos para traer un hijo al mundo. Ignatieff reflexiona sobre qué motivos pudo haber para procrear en 1947 o en la Barcelona de la posguerra. Afortunadamente, las mujeres continuaron dando a luz, incluso más que nunca. Esto nos lleva a pensar que quizás las revoluciones, como la irrupción de internet, han vuelto a transparentar la complejidad del mundo que habíamos logrado ordenar en apariencia. La libertad y el desorden asustan a muchas personas, y por eso se refugian en aquellos que prometen simplificar las cosas. Esta necesidad de consuelo es humana y comprensible. En la actualidad, respiramos un aire plomizo hecho de pesimismo, tanto el que siempre ha existido como el que construimos nosotros mismos. Como publicista, soy consciente de esta construcción y lucho contra ella. Los anuncios publicitarios cantan las bondades del mundo y la maravilla de vivir, pero hoy en día parece haber una gran voluntad de destruir la alegría.

El optimismo como decisión

El optimismo es una decisión, quizás ingenua, pero es un punto de vista. Es ver el vaso medio lleno y requiere determinación, e incluso un poco de idiotez. Por otro lado, el pesimismo nos constituye y alentarlo es irresponsable. Personalmente, prefiero pensar como Javier Gomá, que si fuera mujer, obrero, homosexual, discapacitado, enfermo, disidente, librepensador, miembro de una minoría, anciano o desempleado, elegiría vivir aquí y ahora. Tal vez todo sea más sencillo de lo que parece, tal vez solo tenemos miedo.

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