Physical Address
304 North Cardinal St.
Dorchester Center, MA 02124

En mayo de 1804, Napoleón se coronó como emperador en la catedral de Notre-Dame. Para esta ceremonia, se crearon joyas de gran belleza y valor, entre ellas una tiara de diamantes y rubíes. Napoleón asignó los fondos necesarios para que las esposas de sus mariscales de confianza lucieran estas espectaculares joyas en el importante evento.
La tiara fue encargada por Jean-Baptiste Bernadotte, quien se convertiría en rey de Suecia y Noruega en 1818. Bernadotte tenía un exquisito gusto y quería que su esposa, Désirée Clary, luciera una fabulosa tiara en la coronación de Napoleón. Sin embargo, Désirée Clary no llegó a ser reina de Suecia y Noruega, ya que Jean-Baptiste la dejó al conocer a otra mujer. La tiara pasó entonces a la familia real sueca.
La tiara pasó a manos de la princesa Lovisa, bisnieta de Désirée Clary, quien se casó con el príncipe heredero Federico VIII de Dinamarca en 1869. De esta manera, las joyas de los Bernadotte y los Leuchtenberg se unieron a la colección danesa. Desde entonces, la tiara ha permanecido en la familia real danesa.
Actualmente, la tiara forma parte de la colección de joyas de la princesa Mary de Dinamarca. Ha sido admirada por generaciones y es considerada como una de las joyas más icónicas de la realeza europea. Su diseño delicado, con hojas de diamantes y racimos de rubíes, la convierte en una muestra maravillosa de artesanía y sigue deslumbrando como símbolo de poder, riqueza e historia.
La tiara para la coronación de Napoleón ha pasado a formar parte de la colección de joyas de la princesa Mary de Dinamarca. La princesa Mary es conocida por su elegancia y buen gusto en moda y joyas, y ha lucido la tiara en numerosas ocasiones, incluyendo su propia boda con el príncipe heredero Federico en 2004.
Esta joya bicentenaria sigue brillando como una de las más icónicas de la realeza europea. Su diseño exquisito y su historia la convierten en un símbolo de belleza y glamour. La tiara de Napoleón es una muestra de la artesanía y sigue deslumbrando a generaciones de personas, manteniendo su lugar como una de las joyas más admiradas de la realeza.
