El 18 de julio de 1830, Catalina Labouré tuvo una aparición de la Virgen María en la capilla del convento de las Hijas de la Caridad en París.
En la aparición, la Virgen le encargó a Catalina la acuñación de la Medalla Milagrosa, que sería un signo de amor, protección y gracia para aquellos que la llevar