4.6 C
Parla
InicioSaludEl autismo cambia la sustancia blanca del cerebro con el tiempo

El autismo cambia la sustancia blanca del cerebro con el tiempo

- Anuncio -

Madrid, 24 de noviembre (Europe Press) –

Investigadores de la Universidad de Yale en Estados Unidos, que han realizado pruebas de resonancia magnética especializadas, han encontrado cambios significativos en la microestructura de la materia blanca en el cerebro de adolescentes y adolescentes con trastorno del espectro autista (TEA). Presentado en la reunión anual de la Radiation Society of North America (RSNA). Los cambios son más pronunciados en el área que facilita la comunicación entre los dos hemisferios del cerebro.

“Uno de cada 68 niños en los Estados Unidos sufre de AST, pero debido a la variedad de síntomas y la gravedad de la afección, es difícil diagnosticar la afección temprano y monitorear la respuesta al tratamiento”, explica la investigadora de la Universidad de Yale, Clara Weber. Egresado de la Facultad de Medicina. “Nuestro objetivo es encontrar biomarcadores de neuroimagen que puedan facilitar el diagnóstico y la planificación del tratamiento”.

Los investigadores revisaron los escáneres cerebrales de imágenes de tensor difuso (DTI) de un gran conjunto de datos de pacientes de entre seis meses y 50 años. DTI es una técnica de resonancia magnética que mide la conexión en el cerebro al detectar cómo se mueve el agua en su camino blanco. Dependiendo de la integridad, la arquitectura y la presencia de barreras en los tejidos, las moléculas de agua se difunden de manera diferente a través del cerebro.

“Si cree que la materia gris es una computadora, la materia blanca es como cables”, señala Weber.

Para el estudio, se analizaron los datos clínicos y de ITD de 583 pacientes de cuatro estudios existentes de diferentes poblaciones de pacientes: lactantes con TEA y 121 controles (34% mujeres, edad media de 7 meses); Niños pequeños -57 TEA y 45 controles (27% mujeres, edad promedio 32 meses); Adolescentes -106 ASD y 124 controles (49% de mujeres, edad promedio 158 meses); Y adolescentes -67 TEA y 29 controles (1% mujeres, edad promedio 230 meses).

“La fortaleza de nuestro estudio es que no solo miramos a los niños en edad escolar, sino a personas de todas las edades”, enfatiza Weber.

Para evaluar el impacto de la edad y el diagnóstico de AST en la microestructura de la sustancia blanca, el equipo de estudio creó mapas de anisotropía fraccionada, difusividad media y difusividad radial utilizando datos de cuatro estudios.

La anisotropía fraccionada es una medida en la que la distribución del agua se controla en una sola dirección. Un valor de cero significa que la radiodifusión no está restringida en todas las direcciones. El valor de uno es que la propagación se produce solo en una dirección. La dispersión media es el movimiento global de moléculas de agua que refleja la densidad de las células. La difusividad radial es la cantidad de agua que se propaga perpendicularmente a la longitud de la sustancia blanca.

“Cuando cambia la integridad de la materia blanca, observamos que el agua se esparce verticalmente, lo que se traduce en una mayor difusividad radial”, explica Weber.

El principal hallazgo del análisis fue la reducción de la anisotropía posterior dentro de las regiones anterior / media del cuerpo calloso en adolescentes y pacientes jóvenes con TEA en comparación con los individuos del grupo de control.

El cuerpo calloso es un haz grueso de fibras nerviosas que permite la comunicación y comunicación entre los dos lados del cerebro. Se observó un aumento correspondiente en la prevalencia media y la difusividad radial relacionada con la AST en los jóvenes.

“En la adolescencia, vimos un impacto significativo del autismo”, destaca Weber. “En los adultos, el efecto es más pronunciado. Nuestros resultados apoyan la idea de una conexión cerebral alterada en el autismo, especialmente en las vías que conectan los dos. Hemisferios”.

Como señalan, no se observó una disminución en la anisotropía fraccionada en las mismas vías en bebés y niños con AST en comparación con los controles.

Los investigadores esperan que los hallazgos ayuden a mejorar el diagnóstico temprano de TEA y proporcionen posibles biomarcadores objetivos para monitorear la respuesta al tratamiento. “Necesitamos encontrar biomarcadores más específicos para el trastorno que se puedan utilizar en la práctica clínica”, concluye Weber.

- Anuncio -
Redacción Prensa
Última hora desde la redacción
- Anuncio -

Te puede interesar

- Anuncio -spot_img

Noticias Relacionadas

- Anuncio -spot_img