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El intestino detecta la diferencia entre el azúcar real y los edulcorantes artificiales

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Madrid, 14 de enero (Europa Press) –

Es posible que las papilas gustativas no puedan distinguir el azúcar real de un sustituto, pero las células en el intestino pueden distinguir dos soluciones dulces y decirle a su cerebro en milisegundos, informan los investigadores en la revista Nature Neuroscience.

Poco después del descubrimiento del receptor del sabor dulce en la boca de las ratas hace 20 años, los científicos intentaron eliminar esas papilas gustativas. Pero se sorprendieron al descubrir que las ratas aún eran sensibles y de alguna manera preferían el azúcar natural a los edulcorantes artificiales, incluso sin sentido del gusto.

La respuesta a este rompecabezas se encuentra en el tracto digestivo, en la parte superior del intestino, cruzando el estómago, en la parte inferior, según una investigación dirigida por Diego Boharkes, profesor asociado de medicina y neurobiología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Medicina. Duque, Estados Unidos.

“Hemos encontrado células que nos hacen comer azúcar, están en el intestino -insiste Bohrguez-, inyectar azúcar directamente en el intestino inferior o en el colon no tiene el mismo efecto. Las células sensoras están en la parte superior del intestino”.

Después de descubrir una célula intestinal llamada célula neuropodal, Boharguez, junto con su equipo de investigación, exploró el papel fundamental de esta célula como vínculo entre lo que sucede en el intestino y su influencia en el cerebro.

El intestino, hablando directamente con el cerebro, cambia nuestro comportamiento alimentario. A largo plazo, estos hallazgos conducirán a formas completamente nuevas de tratar la enfermedad.

Originalmente llamadas células endoendocrinas por su capacidad para secretar hormonas, las células especializadas de los neurópatas pueden comunicarse con las neuronas a través de conexiones sinápticas rápidas y se distribuyen por todo el revestimiento del intestino superior.

Además de producir señales hormonales de acción relativamente lenta, estas células producen señales de neurotransmisores que llegan al nervio vago y señales de neurotransmisores rápidos que alcanzan los milisegundos, según el equipo de investigación de Borgwes.

Boharges señala que los hallazgos recientes de su equipo muestran que los neurotransmisores son células sensoriales del sistema nervioso, como las papilas gustativas de la lengua o las células cónicas de la retina del ojo.

“Estas células actúan como células cónicas de la retina capaces de percibir la longitud de onda de la luz -explica Boharguez-, detectan trazas de azúcar y dulzor y luego liberan distintos neurotransmisores que van a distintas células de los nervios.

Los investigadores han demostrado en un pequeño experimento que el uso de organoides cultivados en ratones a partir de células humanas y de ratones para marcar el intestino delgado y el intestino delgado (parte superior del intestino) estimulan las células individuales de los neurotransmisores de azúcar reales para liberar glutamato como neurotransmisor. El azúcar sintético desencadena la liberación de otro neurotransmisor ATP.

Utilizando una técnica llamada optogenética, los científicos han podido activar y desactivar células neurotransmisoras en el intestino de un ratón vivo para mostrar si la preferencia de un animal por el azúcar real se desencadena por señales que provienen del intestino.

La tecnología clave para el trabajo optogenético es una nueva fibra de guía de ondas flexible desarrollada por científicos del MIT. Esta fibra flexible transmite luz a todo el intestino del animal vivo, desencadenando una respuesta genética que silencia las células de los neurobots. Como sus células neurotransmisoras están desactivadas, el animal ya no tiene una clara preferencia por el azúcar real.

“Confiamos en nuestro intestino a través de los alimentos que comemos – enfatiza bohorque – el azúcar tiene tanto sabor como valor nutricional y puede ser identificado por ambos intestinos”.

“Muchas personas luchan contra el hambre de azúcar y ahora tenemos una mejor comprensión de cómo se siente el intestino con respecto al azúcar (y por qué los edulcorantes artificiales no controlan ese apetito)”, dijo Kelly Buchanan, ex alumna de la Escuela Universitaria. Duke’s Medicine, ahora residente de Medicina Interna en el Hospital General de Massachusetts. “Nuestro objetivo es que esta ronda trate las enfermedades que vemos todos los días en la clínica”.

Bohrquez espera que el trabajo futuro demuestre cómo estas células reconocen otros macronutrientes. “Siempre estamos hablando de ‘intuición’ y diciendo cosas como ‘confía en tu instinto’, bueno, hay algo en esto, dice Boharguez, podemos cambiar el comportamiento de una rata desde el intestino”, dice. Hay más confianza en las nuevas terapias dirigidas al intestino.

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Redacción Prensa
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