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Manual para unirse a nuestros hijos cuando sienten miedo

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   MADRID, 1 Jul. (EDIZIONES) –

   El miedo es una emoción natural que nos ha permitido subsistir a los seres humanos a través de la historia. Nos mantiene alerta, nos estimula, y nos permite avanzar. El problema en torno al miedo es verlo como un enemigo, como poco que se debe evitar o eliminar de nuestras vidas, cuando debemos entender que es una emoción que, como todas, es necesaria para nuestra vida.

Así lo defiende Tania García, educadora sociofamiliar y pedagoga, que acaba de divulgar ‘¿Qué necesito cuando tengo miedo?’ (Beascoa), una timonel con la que pretende ayudar a los padres sobre la educación de sus hijos en este aspecto y en el que defiende que el miedo no se debe intentar reprimir o tranquilizar, ya que si no se corre el aventura de que no acaben integrándolo en sus vidas, «y esto tiene graves consecuencias en su correcto mejora emocional», según admite en una entrevista con Infosalus.

   La incluso creadora de Edurespeta, la primera escuela ‘on line’ para familias y profesionales que «quieren educar a los niños sin perder los desasosiego, con sentido global y respeto», reconoce que es frecuente que los niños sientan miedo, como seres humanos que son: «Forma parte de nosotros inherentemente como cualquier otra emoción. Si pretendiésemos que no fuese frecuente que un crío tuviera miedo estaríamos pretendiendo básicamente que no fuera humano».

   Ahora acertadamente, advierte de que los miedos infantiles son diferentes a los de los adultos, si acertadamente afirma que en realidad no tiene más miedo un crío que un adulto. «Los adultos incluso estamos cargados de miedos, solo que en principio deberíamos de expresarlos y de sentirlos de otra modo, fruto de un correcto mejora emocional», apostilla.

   A su vez, García matiza que los miedos de los niños tienen diferentes etapas, siendo los más irracionales los que tienen ocupación en las primeras etapas del mejora, ya que en esa grado el cerebro de un crío es pura emoción. «Pueden tener miedo a un extraño, a perder a sus padres, a quedarse solo, a la oscuridad. Pero eso sí, es muy importante remarcar lo importante que es comprender que aunque sean miedos distintos, los niños los sienten de igual modo que una persona adulta. Es igual de profundo, paralizador y aterrador; es por eso que en absoluto debemos de menospreciar el miedo de un crío, intentar reprimir como si no pasara ausencia o similar. Esto es muy importante», agrega.

Aquí recuerda que hay niños más miedosos que otros porque cada persona es «diferente e única», lo que significa que por que un crío tenga más o menos miedo esto no quiere aseverar que sea ni mejor ni peor. «Eso sí, relacionado con el término miedoso, me gustaría hacer remisión a lo importante que incluso es para el correcto mejora emocional de los niños el hecho de no etiquetarles por ningún comportamiento que tengan, pero aún menos por cómo o cuánto sientan una emoción», recalca.

LO QUE DEBEMOS HACER LOS PADRES

   En este sentido, la educadora sociofamiliar subraya que los padres debemos acompañarles emocionalmente en esos momentos, con paciencia, empatía, respeto, audición. De hecho, precisa que el intentar frenar sus miedos puede ser peligroso, primero porque no le estamos demostrando el sexo incondicional que todo hijo necesita de sus padres.

   A posteriori porque dice que no le estamos permitiendo conocer en realidad esa emoción, la estamos acallando o, en muchas ocasiones, intentando entretenerla con otra cosa, pero si nuestra intención es que esa emoción deje de existir de forma mágica, como ya hemos manido no ocurrirá, lo que pasará es que se irá enterrando y acumulando y eso tiene graves consecuencias.

   «De esta modo tendrán un mejora emocional con muchos problemas y de mayores no sabrán de forma correcta sostener sus propias emociones ni siquiera, en consecuencia, la de sus hijos», advierte.

    Con ello, Tania García remarca que es frecuente plasmar el miedo a cualquier época, incluso en cualquier etapa de la vida adulta. «Como decía, somos humanos y el miedo viene implícito en nuestra naturaleza. Los primeros miedos suceden en la primera etapa de la infancia (0-6 primaveras aproximadamente), y son miedos más irracionales, en los que solo forma parte el cerebro emocional, pueden ir desde el miedo a los sonidos fuertes, a la oscuridad, o a los monstruos por ejemplo», sostiene.

Eso sí, a partir de esa época, hasta los 12 primaveras aproximadamente, los miedos son menos irracionales pero con un stop contenido emocional, tales como el miedo a morirse, o por ejemplo a que se mueran sus padres.

   «A posteriori de esta etapa, los miedos son más relacionados con el ámbito social, suelen ser tales como el miedo a no caer acertadamente o no gustarle a nadie, entre otros muchos. Pueden ser tantos y experimentarse a tantas edades, que por eso es tan importante no marcar un inicio ni un fin de lo que deben ser considerados miedos ‘normales’, ya que todos son naturales, necesarios, forman parte de nuestra especie, y lo importante es sentirnos respetados y acompañados mientras los experimentamos», destaca.

PAUTAS PARA AYUDAR A LOS NIÑOS A SUPERAR EL MIEDO

   Con todo ello, la creadora de Edurespeta resalta que nunca debemos pretender rechazar los miedos de nuestros hijos, sino acompañarlos de forma correcta. «Los miedos desaparecerán por sí solos y aparecerán otros, como es frecuente. Pero nuestro papel es el de unirse esas emociones, no intentar eliminarlas», incide.

   A su seso, lo importante para unirse de forma adecuada es, en primer ocupación, no tener prisa por unirse a nuestros hijos en su emoción. Asimismo, por supuesto, escuchar y empatizar para conectar con ellos. Acariciarles, abrazarles, besarles si quieren y soportar todo el proceso con respeto y calma; sin menospreciar el miedo que están sintiendo, aunque por supuesto no lo compartamos.

   «Es importante el hecho de que los adultos dejemos esa inspección adultocentrista que muchas veces tenemos y comprendamos que las emociones que sienten nuestros hijos son tan importantes y las sienten de forma tan evidente como las que sentimos nosotros. Sus miedos son tan reales como los nuestros, aunque el suyo sea a quedarse a oscuras y el nuestro a perder nuestro trabajo; son miedos y como tales los sentimos en el mismo calidad de intensidad», sentencia Tania García.

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Redacción Prensa
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